En general se acepta que Gutenberg fue quien inventó la imprenta con tipos móviles en 1436. Lo que siempre se pasa de largo es que casi nunca se menciona un complemento imprescindible: “en Europa”. Gracias al dominio del alfabeto latino en la actualidad, hemos olvidado que existen historias paralelas a la de Europa; de hecho, el primer sistema de tipos que se registró fue creado en la China alrededor del año 1040 AC por Bi Sheng. Sus primeros tipos estaban hechos de madera, material que más tarde se dejó de usar para dar paso a tipos de barro horneado que dieron como resultado impresiones más delicadas. A diferencia del alfabeto latino que solo usa 26 letras, el alfabeto chino utiliza miles de caracteres, lo cual hace de la composición de tipos particularmente complicada. No obstante, a pesar de dicha complejidad, los tipos móviles se han utilizado en la China desde el siglo XI.

En otros lugares del mundo la imprenta también progresó. Un ministro civil coreano, Choe Yun-ui, promovió la transición de tipos de madera a tipos de metal hacia el año 1230 AC. Por su parte, independientemente de los coreanos, los chinos también hicieron incursiones en los tipos móviles metálicos durante la dinastía Ming . En tiempos del imperio Mongol, la tipografía móvil se trasladó aún más hacía el oeste del continente asiático. De acuerdo a una leyenda, Laurens Janszoon Coster, un respetable ciudadano de Haarlem, podría haber sido el primer europeo en inventar la tipografía móvil; esto es si el testimonio de Hadrianus Junius resulta cierto. Sin embargo, como esa historia no es comúnmente aceptada, debemos volver a Johannes Gutenberg de Mainz de quien sabemos que inventó los tipos móviles una década después, en Europa.

Incluso hoy, la disciplina de la tipografía se encuentra plagada de un sesgo eurocéntrico. Si le creyéramos a cualquiera de los principales libros de consulta sobre tipografía, el desarrollo de ésta sería un fenómeno exclusivo de la Europa occidental. Phil Baines y Andrew Haslam en su excelente libro Type & Typography (2002) anotan que la historia de la escritura y el alfabeto se remonta a miles de años atrás pero se quedan cortos en la elaboración de esta idea: es evidente que para ellos la historia de la tipografía es la historia de la tipografía latina. El cubrimiento del tema por parte de otras publicaciones es aún más obtuso. Volúmenes clásicos como Printing Type, publicado por primera vez en 1922, o el casi anacrónico libro A View of Early Typography (1969) pueden pasarse por alto en lo que respecta a este asunto. Sin embargo, libros recientes como Designing Type (2005) de Karen Cheng o A Typographic Workbook (2005) de Kate Clair y Cynthia Busic-Snyder no mencionan siquiera que exista algo más allá que la tipografía de origen latino.

La mayoría de los sistemas de clasificación tipográficos se aplican, por lo general, únicamente al tipo de origen latino. En catálogos de casas de fundición de tipos como French Imprimerie Nationale, Garamont, Didot y Romain du Roi se denomina “orientales” a todos los tipos distintos a los de origen latino. La mayoría de las casas tipográficas digitales contemporáneas, como Monotype, llaman a éstos tipos “Non-Latin”. Estos términos tienen, sin duda, un tono colonialista sugiriendo una idea del “otro” al describir la escritura extranjera en términos negativos tales como “no-Europea”. En otras disciplinas, el lenguaje y la terminología se han adaptado al más amplio espectro de la aldea global reflejando el progreso que la sociedad ha hecho en las últimas dos décadas en este tema; por ejemplo, en los almacenes de materiales de construcción ya no se encuentra la pintura de color "carne" para referirse al color beige. La tipografía, sin embargo, continúa exhibiendo descaradamente un sesgo hacía la civilización occidental.

Algunos términos comunes incluso resultan inapropiados para referirse a tipos de letra que no se desarrollaron en Europa Occidental. El término Romano es comúnmente utilizado para describir aquellos tipos con remates (serifas) del temprano Renacimiento italiano. Más recientemente, el término se usa para denotar el estilo de letras “rectas”, en contraste con la palabra "itálica" que se refiere a la letra cursiva inspirada por la escritura a mano de los humanistas italianos. En consecuencia Linotype ofrece tipos denominados greco-romanos (Greek Roman) o greco-itálicos (Greek Italic) basados en modelos del siglo XVI como, por ejemplo, el tipo Sabon (diseñado por Jan Tschihold). En consecuencia, una compañía como Linotype incurre en una descuidada afirmación al utilizar términos típicamente asociados a las letras de origen latino y que evocan la historia de la tipografía italiana, pues los términos greco-romano y greco-itálico son contradictorios y mezclan dos historias muy diferentes. Las versiones inclinadas de los tipos griegos o cirílicos deberían describirse con palabras más técnicas como oblicua o cursiva. Las palabras ‘romana’ o ‘itálica’ sugieren que se ha latinizado la influencia griega pues no sólo la terminología, sino también las características formales de los tipos de origen latino contribuyen a desdibujar la rica tradición de la tipografía de esa cultura.

Sin embargo, no todo son malas noticias. La reciente introducción de tecnologías como el sistema Unicode y el formato Open Type han permitido y servido de inspiración para que los diseñadores de letras consideren la extensión de la tipografía “no latina” que antes se pasaba por alto. De hecho, se ha estimado que en la última década se han producido más tipos griegos que en todo el siglo anterior. Igualmente, se han publicado libros como Language, Culture, Type (2002) que promueven el pluralismo cultural y admiten que el alfabeto de origen latino y el inglés son sólo un segmento de las comunicaciones globales hoy en día.* Estas publicaciones son muy importantes pues presentan modelos de alfabetos menos explorados que los de origen latino y ofrecen una exhaustiva historia de su utilización.

En su libro The Solid Form of Language (2004), Robert Bringhurst propone un nuevo sistema para la clasificación de las diversas letras y lenguajes escritos del mundo. Esta aproximación considera un acercamiento inclusivo a la tipografía y considera la historia entera de la humanidad en relación a la escritura y al sentido de la misma.

Para los diseñadores, las nuevas posibilidades de trabajo con tipografía “no-latina” son estimulantes. Se percibe un modesto interés en la escritura arábiga, cirílica, griega o indic; incluso, los concursos de diseño en esta área han creado nuevas categorías que responden a esta nueva condición. Se podría pensar que la mayoría de las posibilidades para la escritura de origen latino ya han sido exploradas, pero lo cierto es que estos nuevos desarrollos son buenos también para quienes trabajan con tipos de origen latino. Lo más probable es que la tipografía de Grecia, Medio Oriente, India y otros lugares nos ayude a redescubrir la tipografía de origen latino de la actualidad.

*De acuerdo a las estadísticas Encarta en 2006, el número de anglo-parlantes es un tercio de los chino-parlantes nativos y es menor que el número de personas que hablan árabe o hindi como su idioma nativo.

Traducción al español: José Tomás Giraldo